
No me da la gana que con mi dinero se pague la visita del jefe de una religión. No es una visita oficial. No visitará a los que ostentan el poder en nuestro Estado, el Reino de España. Es una visita de carácter privado y religioso. Viene a un acto que monta su organización. O sea: no viene a negociar el concordato, ni a mejorar relaciones diplomáticas, ni a charlar sobre su oposición a ciertas políticas... Nada de eso. Viene a un acto privado.
No me da la gana que "en plena crisis" (esa frase que se utiliza con bastante frecuencia con mucha demagogia) el Estado, y las instituciones madrileñas (éstas me dan un poco más igual porque no dependen de mi voto, pero que por sentido común y coherencia las meto en el saco) se gasten alrededor de 25 millones de euros en montarle el chiringuito a Benedicto y a su tropa. Y se pagarán los siguientes conceptos: transporte, sanidad, logística, limpieza, gastos del séquito papal y de la Casa Real...
Por su parte grandes empresas pondrán los otros 25 millones. Telefornica, Banco San Tander y El Corte Japonés ya han confirmado que soltarán la gallina. ¿Por amor a la religión católica? En parte si y en parte no. Porque el evento será declarado de "interés especial" (como unos JJOO) lo que supondría unos beneficios fiscales a las empresas patrocinadoras que podrían llegar al 80%.
Y ahora que la trama del caso Gürtel también ha llegado a la organización de la última visita del Papa a España, ¿es el mejor momento para seguir apoyando que empresas de amigos organicen estos macroeventos y se lleven sus comisiones indecentes con cohecho incluído?
Y el Estado, el Gobierno, el PSOE, ¿por qué se mete en este embolado? La respuesta es sencilla: la Conferencia Episcopal ha bajado el pistón en cuanto a nivel de crítica. Saquen sus propias conclusiones.
Fuente: Público 1/11/2009